¿Distopía macondiana?

by Edición 83 | Jairo Crispin
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La utopía es una sociedad ideal inexistente y la distopía es una sociedad real indeseable. En la distopía los sucesos de la realidad transcurren en términos antiéticos y construyen la representación de una sociedad con características negativas que son generadoras de alienación moral. Los individuos alienados moralmente: dejan de ser ellos y se convierten en algo ajeno a sí mismos.

La distopía describe estados sociales y/o políticos ilusorios e imaginados. Hay distopías que son presentadas como “utopías” y suelen ser pensadas para ser representadas desde la manipulación mediática y política del gobierno de un Estado, el cual alimenta falsas verdades a través de la manipulación de los medios de comunicación; los cuales son cooptados y controlados, para ser usados como herramientas de sometimiento que asustan y promueven el odio entre la gente, como mecanismo de control social, para así desde la manipulación de lo más primario “la ignorancia” poder atenazarse al poder.

Lo que se busca es repetir mentiras cuidadosamente elaboradas, para sostener opiniones contradictorias, que la gente cree y asume como verdades de una avalancha controlada de información falsa que desde la televisión, el transistor y la prensa, buscan el legitimar la tiranía y el autoritarismo del poder de una oligarquía servil a los intereses de las transnacionales que en realidad gobiernan a su acomodo e imponen el sueño descarado de un mundo globalizado, que no concibe la posibilidad de que varios mundos cohabiten el planeta Tierra en diversos espacios y tiempos (Pluriverso).

En una distopía es característico ver corrupción, esclavitud, servilismo, clasismo, pobreza masiva, miseria, sufrimiento, falsas filantropías, desplazamiento de personas, masacres por razones morales con criterio social, desconfianza pública, un Estado policial abusivo y opresor que agrede y estafa a los más desvalidos, prácticas sociales fascistas y políticas degradadas que son controladas por criminales inescrupulosos que gobiernan desde el despotismo y el totalitarismo de un pensamiento enfermo, falaz, unilateral y manipulador.  

En un Mundo Félix, una obra de ficción literaria, Aldoux Huxley nos plantea, en un pasaje, que: “Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían en evadirse. Un sistema de esclavitud donde gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos tendrían el amor de su servitud”.

Si bien, los pasajes en Macondo son utópicos y de un humor hipérbole, ya que Macondo es el lugar más feliz del mundo y sus habitantes gozan de una equitativa distribución de tierras entre la gente de bien, los atributos utópicos de esta historia son rápidamente desplazados y parabolizan la realidad distópica latinoamericana, Macondo es ante todo una critica social al fracaso del proyecto de la modernidad.

Sin embargo, “La versión oficial, mil veces repetida y machacada en todo el país por cuanto medio de divulgación encontró el gobierno a su alcance, terminó por imponerse: no hubo muertos, los trabajadores satisfechos habían vuelto con sus familias, y la compañía bananera suspendía actividades mientras pasaba la lluvia”. (García, Márquez, Cien Años de Soledad.1990, página: 287). 

Publicado en: 20 de abril de 2019.

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Jairo Crispín. Estudio Lenguas Modernas en la Universidad Distrital y es Trabajador Social de la Universidad Nacional de Colombia, apasionado por la literatura, amigo de la casa Hekatombe. Jcrispin@unal.edu.co