Neoparamilitares esclavizaron a dos familias en Antioquia

by Edición 78 | Andres Felipe Torres
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El fenómeno del paramilitarismo en Colombia se configuró en la segunda mitad del siglo XX, durante el periodo conocido como el frente nacional. Nació con el objetivo de impedir que campesinos que fueron despojados de sus tierras por grandes hacendados, las reclamaran por las vías de hecho. Al igual que un virus ha logrado perdurar en nuestro país con el paso de los años, evolucionando, replicándose y aumentando las consecuencias negativas de la guerra en la sociedad colombiana.

El principal victimario de la historia que narra este artículo es el conocido Clan del Golfo: grupo narco-paramilitar predecesor de varias organizaciones criminales impulsadas en un principio por alias “Don Mario”, entre las cuales se destacan las Águilas negras, el Clan Úsuga, Autodefensas Gaitanistas de Colombia y los Urabeños, entre otras. Actualmente su principal cabecilla es Dairo Antonio Úsuga David, alias “Otoniel”.

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El pasado 27 de enero del 2019 se dio a conocer en algunos medios de comunicación, una serie de sucesos repudiables, que siguen ocurriendo en nuestro país, cada vez con más frecuencia. Durante varios meses dos familias campesinas fueron literalmente esclavizadas por integrantes del Clan del Golfo y de “los Caparrapos”. Las mujeres fueron abusadas sexual y laboralmente, también fueron obligadas, junto a los niños, a abrir trochas y caminos en medio del monte, para que sus victimarios se desplazaran. De manera paralela a las mujeres, los hombres de las familias, eran brutalmente golpeados o asesinados cuando intentaban defender a sus esposas e hijas, en algunos casos fueron reclutados en contra de su voluntad. Una de las victimas narra que su hija fue abordada por varios neoparamilitares*, cuando se dirigía camino a la escuela, la violaron y como consecuencia la niña quedó en estado de embarazo.

Los hechos ocurrieron en la vereda Moncholo del municipio de Zaragoza, en el Bajo Cauca de Antioquia. Afortunadamente dos de los hombres que fueron reclutados, lograron fugarse y decidieron someterse a la justicia, por lo cual los neoparamilitares amenazaron a sus familias y fue hasta ese momento que el Estado prestó atención a esa situación y decidió enviar al ejército para rescatar a los sobrevivientes. 

Cómo consecuencia, las víctimas de estos neoparamilitares se encuentran con graves heridas físicas y psicológicas, siendo estas últimas las más difíciles de reparar; han tomado la decisión de no regresar nunca a su antigua vivienda ya que temen constantemente por su vida y la de sus familiares, además indicaron que aún existen varias familias sufriendo la misma situación en aquella zona. Uno de los sobrevivientes declaró: “Yo le ruego al Ejército que cuando un campesino pida un apoyo, de inmediato respalde, porque cuando uno pide es porque de verdad necesita ayuda, nosotros nos encontrábamos muertos donde estábamos, estábamos muy amenazados”. Luego del rescate, las víctimas han recibido atención médica y psicológica.

Es preocupante que, ante este tipo de acontecimientos, sumado al asesinato y desaparición de cientos de líderes y lideresas, defensores de derechos humanos y excombatientes, el gobierno nacional se haga “el de la vista gorda” ignorando las constantes denuncias de las comunidades campesinas y las organizaciones de derechos humanos, sobre la aparición y el aumento de la capacidad bélica de grupos neoparamilitares en veredas y barrios de las principales ciudades.

A pesar de estos casos inhumanos y las denuncias presentadas, nuestros gobernantes insisten en agudizar el conflicto con las guerrillas mientras los grupos neo-paramilitares se fortalecen, además de dirigir su mirada hacia el vecino país hasta agotar sus esfuerzos en justificar una guerra contra Venezuela. Es por ello, que desde los sectores de la sociedad que buscan la paz y la justicia, se hace un llamado a la acción, a todo ciudadano que no esté de acuerdo con llevar a nuestro país a una guerra internacional, a hacerse escuchar, a oponerse a los crimines del paramilitarismo y el neoparamilitarismo, y a exigir al gobierno soluciones para alcanzar la paz en Colombia, que incluyan el dialogo, la justicia social, la verdad, la reparación y que garanticen la no repetición.

                                                                                                                                                                                              11 de Febrero de 2019


* Se habla de neoparamilitarismo como un término que describe de un modo más adecuado que el de “bandas criminales”, a las estructuras existentes con una lógica jerárquica distinta del paramilitarismo tradicional pero que conservan una forma de operar que pretende amedrentar y eliminar a los sectores que disienten del orden establecido erigido sobre la desigualdad e injusticia social mientras se alimentan del negocio del narcotráfico. Sobre las AGC o Clan del Golfo recomendamos la lectura del siguiente artículo del investigador Ariel Avila: Así opera el clan del Golfo