De la política en armas a la política en palabras: las FARC se constituyen en partido político legal
by Edición 26 | Hekatombe
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El 1 de septiembre culminó con un megaconcierto el ingreso definitivo de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común –FARC- a la política sin armas. Frente a la mirada de Simón Bolívar se ubicó la tarima que recibió a artistas de talla internacional como la agrupación de ska-punk italiana Banda Bassoti, el cantante de reggae KY Many Marley, la rapera feminista Ana Tijoux, la agrupación cubana Orquesta Aragón, y aristas de reconocimiento nacional como Totó la Momposína y Johnny Rivera.

Al ritmo de música y de “alertazos” (la consigna: “alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”) se mezclaron en una sola audiencia las y los farianos con jóvenes y adultos que respaldan la democratización del país antes que la guerra y la política elitista, para recibir a las FARC a este histórico momento del país y escuchar las palabras de Timoleón Jiménez o “Timo” como coreaban muchos asistentes.

En su discurso, tras apelar a la distinción hecha por el líder popular Jorge Eliecer Gaitán entre el país político y el país nacional, donde el primero es controlado por una elite que administra el poder en una lógica corrupta y clientelar en detrimento del segundo, que es el país de las mayorías nacionales, señaló frente a temas neurálgicos como la justicia y la verdad lo siguiente: “no vamos a hacer aquí la defensa de nuestro alzamiento. La búsqueda de verdad sobre el conflicto y sus víctimas estuvo en el centro de los acuerdos de La Habana, y los diversos instrumentos pactados se encargarán de revelar lo realmente sucedido. No tememos a la justicia, por el contrario, clamamos por ella” a diferencia de los procesos de negociación entre el gobierno Uribe y el paramilitarismo, cuestionando además el lugar ocupado por el Estado, en cabeza del gobierno del presidente Santos frente al retardado cumplimiento en la fase de implementación.

Indicó también, tal y como lo ha hecho en discursos previos, la necesidad de gestar mecanismos democráticos de resolución de conflictos para sellar el derramamiento de sangre por causas políticas “un país en el que la tolerancia y el respeto por la diferencia sean la norma, en el que el diálogo y la concertación sean la forma de solucionar los problemas”. Exhortó a los medios corporativos de comunicación a dejar de promover odios y guerra para empezar a ser actores de paz así como llamó a la importancia de luchar contra la corrupción y a movilizarse en el terreno político para la búsqueda de transformaciones sociales “Cuando esa inmensa mayoría abstencionista se decida a actuar políticamente, cuando los desengañados con el sistema político definan creer en una alternativa nueva”.

El discursó culminó con los aplausos de una plaza llena de personas y de esperanza ante la posibilidad de una nueva etapa en la historia de Colombia en la cual sea posible la disputa política sin el exterminio material y simbólico de aquel que piense diferente.

Después de las palabras prosiguió la música que reemplazaba el sonido de disparos y el temor de bombardeos por las notas que anuncian la importancia de rodear como sociedad civil la implementación de los acuerdos de paz de la Habana, la continuación de la mesa de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional, la exigencia en el desmonte efectivo del neoparamilitarismo y la construcción de un país cuya democracia no sea solo para una reducida élite sino para el grueso de las y los colombianos.