Al general Sandúa le llego la Navidad

by Edición 72 | Jairo Crispín
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Hace más de treinta años llego a Bogotá proveniente de Antioquia, Aníbal Muñoz Valencia, conocido en las calles del centro de la ciudad como el General Sandúa. Empezó a trabajar en un restaurante en el occidente de la capital, que en pocos meses fracasó por un embargo. En ese instante se quedó simplemente tirando aro y saludando a la bandera.

Fue entonces, cuando se fue a trabajar en vigilancia al norte de la ciudad, pero pronto lo sacaron de los turnos por viejo y porque un recorte de personal en la empresa en la que trabajaba obligó a su jefe de turno a darle la patadita de la buena suerte. Aunque trabajó en una choricería un tiempo, no le gustó mucho ese trabajo pues había que manipular carne y sangre y lo de él era la construcción de la paz y regeneración espiritual del divino corazón de Jesús Colombiano.

Después del trabajo formal… de manera informal, rodo calle arriba y calle abajo una década calibrando las llantas de los buses con un palo en la calle 13 con carrera 10, en el lugar donde hoy hay un mural que da cuenta de sus andanzas. En el amure cotidiano del paisaje del centro de la ciudad, en una de esas jornadas de vacile, entre tintos, risas y llanto, su escena cotidiana de la vida, como artista y habitante de calle, en un chispazo poético de desparche, una tarde de abril, nació el personaje para la vía pública del General Sandúa.

Aníbal al encontrarse desprotegido como casi siempre, falto de recursos y con física hambre, comenzó a entucar transeúntes a partir de reflexiones religiosas, políticas, sociales y cotidianas de la realidad coyuntural del país. Con un Quepis quizás que le había quedado del trabajo de guachimán y una copia telenovelesca de una casaca del antiguo ejercito libertador que consiguió de segunda en la antigua Plaza España, a la cual le colocó unas medallas de hojalata con cintas de la bandera tricolor colombiana. Fue así que el General Sandúa, empezó la función cotidiana echando sátira, protesta y denuncia de manera pacifista, elocuente y desorbitada por las calles del centro de la ciudad, como forma de trabajo y para la subsistencia y el desvare.

Los Parques Santander y de los Periodistas, la Carrera Séptima, la Plaza de Bolívar y otros lugares geopolíticamente estratégicos, fueron teatro para que Aníbal con su personaje instaurara puesto de retaque, así como el área de combate y operación evangelizadora y proselitista de general Sandúa, en su lucha diaria por conseguirse lo de los panes y la subsistencia personal, la capital ha sido testigo de sus discursos algunas veces lucidos y otras contradictorios, como la elucubrada realidad nacional, ha envejecido y se encuentra achacado, pues hoy carga con 91 años a sus espaldas y todo el frio de la calle del mundo en su cuerpo.

El general Sandúa el personaje de Aníbal es una expresión popular y patrimonio vivo de la memoria y desmemoria de nuestra querida y enferma historia de la capital y de la sociedad colombiana. Como todo ser humano y artista Aníbal es una contradicción pura que se autoproclama “el general de las leyes de Cristo Jesús; único profeta firme y solidario de las vías lácteas de cuarta generación” y a la vez es una persona que por mucho tiempo no ha tenido donde meter la cabeza para descansar dignamente a causa de su pobreza.

Lastimosamente, aunque Aníbal es una hormiga trabajadora rebelde con y sin causa y no es o ha sido un haragán como los vagos del Congreso de la Republica, en sus palabras: “En Colombia lxs viejxs o lxs abuelxs no valen nada, para nadie, lxs abuelxs somos unxs estorbos para la familia, para el gobierno y para la sociedad”.

A pesar de lo anterior, y como todo es una contradicción, esta navidad después de muchos años, décadas tirando calle, con la ayuda de su parcelo Frayñero y la Secretaria de Integración Social, Aníbal/Sandúa el héroe capitalino, el que hace cerca de dos meses se retiró de la liga del rebusque del centro de la ciudad, por achaques de combate, podrá dormir tranquilo, quizás soñando en una nueva batalla, la más importante de su vida, la de terminar los días huyéndole al frio y la indiferencia de los corazones de piedra capitalinos. En hora buena para Aníbal y una feliz navidad y larga vida para el general Sandúa.

Publicado el 1 de diciembre de 2018.

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Jairo Crispín. Estudio Lenguas Modernas en la Universidad Distrital y es Trabajador Social de la Universidad Nacional de Colombia, apasionado por la literatura, amigo de la casa Hekatombe. Jcrispin@unal.edu.co