Ni Izquierda ni derecha y menos el centro ¡Política para la vida y el buen vivir!

by Edición 77 | Julián Orjuela
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Sólo cuando se haya cortado el último árbol, sólo cuando el último río haya muerto envenenado, sólo cuando se haya cazado al último pez, sólo entonces verás que el dinero no se puede comer.

Profecía de los indios Cree.

La provocación de este texto emerge en medio de un Coloquio de investigadores de Doctorado y Maestría en Salud Pública, de diversas universidades colombianas, que tenía como nombre: De la Salud Pública y el Buen Vivir. En la charla inaugural estaba invitado Juan José Bautista, un Filósofo boliviano, que debo aceptar mire con un poco de desdén, porque era parecido a mi corporalmente: con rasgos indígenas y de piel morena. Y nos han enseñado que los blancos, europeos, hombres, heterosexuales y “bien vestidos” son los que traen el conocimiento de punta. Pues qué sorpresa me he llevado, en menos de dos horas había pateado parte de mi campo conceptual construido en la modernidad, profundamente racista, capitalista y eurocéntrico, aunque me reclamara de izquierda y antiimperialista. 

Luego del viaje, busque a Juan José Bautista en sus libros, en la introducción de un libro titulado: ¿Qué significa pensar desde América latina?, recuerda cómo llegó a preguntarse el título que lleva su obra, a partir de la obra de Heidegger titulada precisamente ¿Qué significa pensar? En el cual relata: “en ese entonces, la realidad que aparecía ante nosotros como problema ya no era la europeo-occidental, sino la latinoamericana, y específicamente los problemas que planteaba al pensar el mundo andino amazónico” (Bautista, 2014) .

A partir del dialogo y la reflexión desde el campo político con éste y otros autores, planteo la siguiente tesis: hoy la política no tiene el parte aguas en sí eres de izquierda, derecha o centro; las contradicciones están: sí haces política parar cuidar y protejer la vida o haces política de muerte que destruye, somete y enferma la madre tierra y a todas aquellas especies que la habitamos.

Bajo esta mirada los diversos actores de orden político han afectado la madre tierra hasta los proyectos humanistas de la izquierda, el caso del proyecto Bolivariano de Venezuela financiado con el petróleo, aunque tuvieran las mejores intenciones de distribución de la riqueza como pueblo; el caso de Chile, en el gobierno de Salvador Allende con las minas de cobre. Los monocultivos de soya en Brasil promovidos por Lula y Dilma. El gobierno ecuatoriano que ha impulsado proyectos de floricultura, ha firmado acuerdos con Monsanto y la misma visión desarrollista eurocéntrica del hermano Rafael Correa, que si bien ha promovido en la constitución el mandato del Buen Vivir este carece de prácticas y políticas coherentes. Por otro lado, el proyecto boliviano en cabeza del hermano Evo Morales que avanza en la construcción de un sistema único de salud, bajo las lógicas de la Organización Mundial de la salud y la visión occidental medicalizada.

Mis amigos de izquierda se preguntarán, porqué mencionar la criticas en concreto a los proyectos de alternativos, la respuesta es que en este espectro político se preguntan, cuestionan y buscan alternativas para un mejor vivir, que hasta hoy lastimosamente se encuentran secuestradas en la visión de modernidad que promueve y ha impuesto el capitalismo. Aunque seamos los más radicales de izquierda, sino transformamos la cosmovisión moderna, desarrollista, depredadora de la naturaleza, seguimos enmarcados en las ideas capitalistas que odiamos. Entonces la única diferencia que tendremos con el proyecto capitalista, es que destruiremos la naturaleza entre todos y no solo unos pocos, en esto quisiera ser enfático, lo señalado no es una metáfora o una visión apocalíptica, es una realidad concreta, objetiva y fáctica.

La derecha es el sector político que representa y defiende el proyecto de la modernidad que convirtió la madre tierra en objeto para expandir el capital y destruir la naturaleza a nombre del DIOS dinero, creado por el hombre, con sus iglesias que son los Estados que promueven la palabra de la religión que es el capitalista, a través de la biblia mercantil que son las recetas de los organismos trasnacionales, estructurando de manera inteligible los actos de fe capitalista que son el equilibrio del mercado por la mano invisible, planteada por Adam Smith y el crecimiento infinito económico de Robert Solow, que venden falsas promesas de la religión capitalista, donde todos sus devotos aspiran a ser ricos algún día, pero la realidad nos dice que se requieren 4.6 planetas si todos los habitantes tuviéramos el estilo de vida de los estadounidenses, pero tan solo tenemos un planeta que venimos depredando y destruyendo con la irracional cosmovisión moderna, como lo diría Marx: “el capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y los seres humanos”. Quien lo dude, puede mirar una imagen de un río luego de una explotación minera de oro.

En cuanto al centro, es un campo político indolente, egocéntrico y cómodo. Siempre será funcional a los que han dominado la humanidad y destruido la naturaleza en el desarrollo de la modernidad. ¿cómo se puede ser neutral con la muerte de niños por desnutrición? ¿cómo se puede ser neutral por la muerte de peces por contaminación de los ríos con mercurio por las explotaciones mineras? ¿Cómo se puede ser neutral con el Fracking cuando hay gente muriendo de sed?

Aunque parezca un discurso repetitivo y cliché en todos los sectores sociales y políticos, la preocupación por el calentamiento global y los daños ambientales producidos en la relación con la naturaleza por el desarrollo de la modernidad capitalista, no son inventos apocalípticos o ficticios. Desde diversos lugares y sectores sociales se escuchan voces de preocupación por el planeta, los ecologistas, ambientalistas, comunidades indígenas, líderes mundiales como el Papa Francisco, políticos como Pepe Mujica, cantantes como Rene de calle 13, actores como Leonardo di Caprio y pensadores como Berta Cáceres, Vandana Shiva, Eduardo Galeano, Enrique Dussell, Juan José Bautista, Arturo Escobar, Franz hinkelammert, Syukuro Monabe, James Hansen por nombrar algunos y algunas, nos hacen un llamado a la humanidad a proteger la casa de todos y repensarnos la vida humana en relación con la madre tierra.

Debo aceptar que me parecía hippie, poco político, abstracto y hasta pachamamista como lo decía un amigo militante de izquierda al referirse a los conocimientos indígenas frente a las afectaciones al planeta, con lo cuales convivió durante un tiempo, pero que seguramente no logro comprender. Lo cual coincide con sectores políticos como el partido republicano y el presidente Trump, quienes creen que los daños ambientales son ciencia ficción y se empeñan en negar el peligro de desaparecer como especie, por los cambios que hemos generado. Poco importa nuestro partido político e ideología a la hora de morir como especie.

Les invito hacer estas siguientes reflexiones ¿Quién pone la materia prima del celular que tiene en la mano? La tierra ¿Quién dio las frutas del desayuno del día de hoy? La madre tierra ¿Cuál es el material de las grandes edificaciones de su ciudad y de qué están hechas? Con materiales de la tierra ¿Qué combustible utilizan los carros? Gasolina, que viene del petróleo de la madre tierra. Aunque pareciera obvio lo que se expresa, no lo hemos entendido, todo lo que tenemos puesto y comemos lo da la madre tierra. Lo más sofisticado, hasta la clonación de otros seres humanos o animales devienen de ella.

A continuación, quisiera invitarles a reflexionar sobre dos elementos centrales que no ha comprendido u obviado intencionalmente la modernidad, como apuesta social del capitalismo, pero que aun siendo de izquierda reproducimos a partir de la racionalidad moderna que tiene un marco categorial o forma de ver el mundo profundamente irracional, utilitarista, consumista y depredadora de la madre tierra. Un ejemplo de ello, es que aún persisten en las visiones más conservadoras y ortodoxas, un proyecto revolucionario que desde el Estado promueva industrias, genere empleo y distribuya dinero en las grandes ciudades. Sin detenerse a pensar en la madre tierra, reproduciendo lo más perverso del capitalismo que es destruir la naturaleza y el ser humano.

La primera reflexión, es el volver a la raíz y preguntarnos porqué objetivar o cosificar la madre tierra, nosotros no nos percibimos como naturaleza y creemos que estamos separados de ella y es un bien de consumo infinito, con el cual podemos “ganar dinero”. Es necesario que comprendamos que nosotros no convivimos con la naturaleza, nosotros somos naturaleza; quien lo dude tiene que recordar que somos 70 % agua, al igual que la madre tierra y también que mayoritariamente somos carbono, nitrógeno, hidrogeno y oxigeno elementos que componen la tierra. Aspecto que nuestros pueblos originarios aún entiende, porque afortunadamente han hecho resistir esas ideas en medio de la barbarie colonizadora que destruyo nuestras escuelas de pensamiento y asesino a nuestros pensadores desde 1492.

Sí quisiéramos comprenderlo desde una mirada racionalidad cristiana, Dios es el creador del cielo y de la tierra; si Dios creo todo, ejerció su fuerza de trabajo, ósea utilizó su energía para transformar materia para crearnos y crear la madre tierra. La energía de DIOS, esta en todas partes y en todos los objetos hasta los creados por nosotros, según la racionalidad o lógica cristiana. Entonces cuando depredamos la naturaleza y contaminamos los ríos, estamos destruyendo a DIOS.

El segundo aspecto a abordar, deviene del primero y parte de la premisa: sí todos somos hijos de la madre tierra, pues todos somos hermanos y hermanas, así de sencillo. Desde la visión cristiana, si todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos. Pero el capitalismo nos ha hecho creer que debemos competir entre nosotros, explotar la madre tierra y sacar la mayor ganancia de ella porque es algo moderno y natural.

A manera de conclusión pregúntese: ¿usted le quitaría un brazo a su mamá para hacer una cadena de oro? No, cierto. Bueno, eso es lo que hacemos con la madre tierra. ¿usted explotaría a sus hermanos a condiciones inhumanas como trabajar en minas de carbón a altas temperaturas como en el Cerrejón por su beneficio y le pagaría mal? No cierto, esa es la esencia de la ganancia o plusvalía de las trasnacionales y el crecimiento económico. ¿Usted destrozaría la casa donde vive y mataría a su familia por dinero? No, cierto. Eso lo hacemos todos los días en la modernidad capitalista, destrozando la madre tierra.

Tal vez no fue Juan José Bautista quien me provocó la reflexión, sino la medicina que nos dio un hermano médico indígena, que realizó una armonización a todos antes de comenzar el coloquio, indígena del cual no recuerdo su etnia, porque debo reconocer que hacía parte de la gran mayoría que poca relevancia y atención le daba a las prácticas indígenas, porque no son científicas y lastimosamente fui formado en ese modelo educativo que desprecia nuestra historia.
Esto nos debería provocar una amplia y colectiva reflexión para construir otro marco ontológico, conceptual y epistemológico para atravesar la modernidad. Recogiendo las enseñanzas, no es un llamado a una visión totalitaria y mucho menos una supremacía de los conocimientos ancestrales de manera dogmática. También hay que reconocer falencia como las estructuras patriarcales, machistas y androcéntricas. Pero eso también nos debe llevar a cuestionar nuestra secularidad irracional y dogmática. Tendremos que vencer nuestros límites a partir de mirar con otros ojos y otros marcos conceptuales la realidad, pero soy un convencido de que es posible, la modernidad lleva tan solo 500 años y en comparación con los 100 mil años de historia como humanidad desde los neandertales, creo que no todo está perdido si nos decidimos a transformar y construir una política de vida de manera colectiva y singular, superando nuestros límites seculares y modernos que se forje, are y cultive desde la cotidianidad, partiendo de su propia vida, hasta la disputa por las formas de dominación de orden espiritual, material, epistemológico y ontológico.

Referencias
Bautista, J. J. (2014). ¿Qué significa pensar desde América Latina? hacia una racional transmoderna y postoccidental. Madrid: Akal.

Publicado el 23 de enero de 2019

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Julián Alfonso Orjuela Benavides Twitter: @julianorjuelab.

Odontólogo-Unal. Magister en Salud Pública. Miembro del Enjambre