Siempre será mucho más fácil la exclusión

by Edición 72 | Shameel Thahir Silva
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Tenemos el cuento de la criada a la vuelta de la esquina y si no nos ponemos las pilas pronto, será muy tarde.

Los derechos humanos tienen un piso, pero no un techo. El problema es que ese piso se esta resquebrajando.

En la movilización estudiantil de hace unos días observe unas cuantas veces a la multitud que al unísono gritaba “sin violencia” y le recriminaba a un encapuchado que pintaba una consigna en la pared de un banco, ¡un banco!, como si el sistema financiero, o mejor dicho, ese banco en particular, no hubiera dejado y sigue dejando en Colombia, más víctimas que todas las victimas sumadas de todos los capuchos de la historia del país, juntos.

¿No es irónico que defiendan la fachada de un banco mientras exigen educación gratuita y de calidad?, ¿en qué momento empezamos a igualar todas las violencias como si fueran condenables sin distinciones?, ¿dónde nos quedó el contexto y el análisis crítico de lo que ocurre hasta en el mismísimo movimiento estudiantil colombiano?

Hace unas semanas ganó la presidencia un cavernícola que en Brasil no le da pena afirmar en medios de comunicación, que violaría mujeres o que los negros no deberían reproducirse, ese cavernícola es comparado a Trump pero realmente es peor, entre otras cosas porque a diferencia de Donald, el señor Bolsonaro tiene un proyecto político abiertamente fascista y destructor.

Fue también en estos días que le reclamé en redes sociales a un estudiante, con el ánimo de que reflexionara sobre memes que él mismo ha hecho o compartido, en los que se burla de las feministas, los transexuales y las demás diversidades; su respuesta a mi reclamo fue la biología, ¡el lobby gay! afirmaron, y me señaló que lo que nos diferenciaba era que él no tenía un afán de aparentar ser políticamente correcto, le roté un texto que explica a profundidad la importancia del feminismo en nuestras sociedades y lo que les queda de democracia y sus instituciones republicanas, pero se negó a leerlo, de paso reclamó su derecho a la libertad de expresión y se disculpó con el típico “es solo un meme”.

Sí, es solo un meme, como también solo son cadenas de WhatsAppp o noticias falsas que hoy les llaman pos verdad o fake news y que a la hora de ser rectificadas no tienen el mismo despliegue mediático que lo que las motivaron. Ese “solo un meme” es lo que evita que asumamos nuestra responsabilidad como ciudadanía en la construcción, mantenimiento y fortalecimiento de sociedades cada vez más humanas, entre otras cosas porque vivimos de la mentira de suponer que los derechos ganados ya no se pueden perder.

La crisis social, política, cultural y económica actual en donde son los excluidos del mundo quienes más sufren, tiene una respuesta efectiva por parte de los grupos políticos de derecha, autoritarios, reaccionarios y fascistas de todos los países sin distinción geográfica: ¡la identidad! Y al parecer el progresismo del mundo no lo ha entendido todavía, seguimos en la defensiva sin saber qué hacer ante la crisis de los gobiernos de izquierda y progresistas que ocuparon gobiernos en América Latina y el Caribe en las últimas décadas y es por eso que Venezuela es la excusa perfecta sin distinciones geográficas, del fascismo mundial para justificar sus propuestas políticas para solventar la crisis de la humanidad.

Seguimos apelando como progresistas y gente de izquierda al dialogo racional cuando la respuesta a prácticamente cualquier discusión política que signifique incluir es algo así como “es tu opinión, pero no la comparto” y aunque te cojas la cabeza porque la estás perdiendo frente a tanta irracionalidad rampante, intentado explicar que una cosa es la opinión y otra cosa son los hechos, la razón y la lógica, esa persona esta refugiada en su “trinchera identitaria” alimentada por discursos que la hacen sentir muy bien en su mar de ignorancia, y tú todavía no tienes las herramientas para hacerla ver otros caminos para que salga de su miseria humana de autocomplacencia e individualismo.

Esos proyectos identitarios comunes que son impulsados por lo más reaccionario de la política tienen la misma raíz machista, patriarcal, racista, clasista, homofóbica, xenófoba y profundamente excluyente. Finalmente es mucho más fácil echarle la culpa a los migrantes ilegales – sean venezolanos, hondureños o mexicanos – que a quienes toman las decisiones o a quienes contratan por miserias aprovechándose de la necesidad, es más fácil afirmar sin mayor capacidad crítica que las feministas están desplegando un proyecto de odio contra los hombres a reconocer que las mujeres solo por el hecho de ser mujeres la tienen mucho más difícil que cualquier hombre en nuestras sociedades en todos sus ámbitos, es más fácil hablar de una ficción como “la ideología de género” y “lobby gay” antes de reconocer la importancia de los movimientos sociales para el fortalecimiento y el desarrollo de la democracia. Siempre será mucho más fácil la exclusión como respuesta a las crisis antes que la inclusión, la solidaridad y la priorización de la vida sobre la muerte.

En estos días estaba leyendo un artículo titulado “Muchas escuelas de EUA pueden enseñar lo que quieran. Resulta que enseñan mentiras”, el artículo cuenta cómo son financiadas con los impuestos de todas y todos los estadounidenses, escuelas en las que se hablaba de creacionismo, se cuestiona la evolución, se fomentaba el racismo, la xenofobia, la homofobia y todo esto en los últimos 30 años sobre sus narices y dinamitando la separación entre la iglesia y el Estado de una de las repúblicas más antiguas de occidente. Muchas veces nos repetimos cómo carajos terminaron eligiendo a un cavernícola como Trump y no tenemos en cuenta estos fenómenos sociales que en países como Estados Unidos, vienen derrumbando los diques que contenían el fascismo con paciencia y constancia en los últimos 30 años de neoliberalismo sin contemplaciones.

En Colombia ocurre un fenómeno similar y son las iglesias evangélicas y cristianas como uno de los pocos espacios de socialización y construcción de comunidad – independientemente si el pastor se enriquece con los diezmos o no – más allá de los centros comerciales, el parque o la ciclovía. Es en esos espacios de evangélicos y cristianos en los barrios marginales del país donde se fortalecen las ideas de exclusión, identidad y autoreferencia, que son caldo de cultivo perfecto de Bolsonaros o Trumps, y hoy la irradiación de todas esas ideas están a un solo click de distancia, lo cual se vuelve importante cuando somos uno de los países que más usa redes sociales como Facebook. Es a través de esas redes que muchas juventudes, que en muchos casos son al mismo tiempo anticristianas, aunque parezca contradictorio, replican esas ideas en su búsqueda de identidad y referencias.

En Brasil Bolsonaro ya es presidente y seguramente las izquierdas y el progresismo brasileño correrán para todas direcciones, sin saber realmente qué hacer. Aquí en Colombia estamos con un proyecto fallido de acuerdo político para el fin de nuestro conflicto armado y las izquierdas miran hacia el pasado y como el acuerdo no fue y la candidatura presidencial casi lo fue, mientras corremos hacia todas direcciones sin saber realmente qué hacer, se abre una muy nítida posibilidad de consolidación del fascismo por la vía del apoyo popular, de todas esas personas que todos los días siguen creyendo y consolidando fielmente en esos proyectos identitarios y excluyentes que les dan explicaciones satisfactorias a sus problemas más sentidos y mientras tanto yo me pregunto ¿Qué vamos a hacer?

Publicado el 21 de noviembre de 2018.

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Shameel Thahir Silva | @ShameelThahir | Amigo de la casa Hekatombe.
Politólogo y Magíster en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. Ciclista urbano. Enamorado de Bogotá y con ganas de servirle a su gente. Preocupado por un país en donde quepamos todxs.