Medios Alternativos, su existencia: una responsabilidad compartida

by Edición 66 | Hekatombe
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Por allá en los años 30’s, en la Italia fascista, Gramsci, un intelectual encarcelado por el régimen de Mussolini, pensó desde la cárcel las razones de por qué había llegado el fascismo al poder y no había podido llegar a buen término una revolución a su país. Sus reflexiones quedaron inmortalizadas en unos rudimentarios cuadernos que se harían públicos luego de su muerte. De estos cuadernos, de un cuerpo teórico no uniforme pero de enorme valor, nos quedaron dos categorías fundamentales para aquellas ciudadanías que queremos construir democracias de verdad en nuestros países: la hegemonía y el sentido común.

No es nuestro propósito escribir una reflexión académica al respecto, para eso hay otros lugares, e incluso en nuestro portal web ya publicamos un artículo sobre Gramsci, sino traer a colación estas dos categorías para señalar la importancia de fortalecer los medios alternativos de comunicación. De forma muy laxa, podemos decir que la hegemonía es el proceso donde un sector de la sociedad, en nuestro caso, muy pequeño y adinerado, logra que sus ideas parezcan naturales y sean asumidas por el grueso de la sociedad. Un ejemplo de la construcción hegemónica en nuestro país está en lo que ha logrado el uribismo, al hacer creer que la desigualdad social es algo normal, que el Estado, a pesar de la tributación ciudadana, no tiene que dar garantías de vida digna a la sociedad, y que es positivo ser intolerante frente a la diversidad sexual y política.

Gramsci nos explica que esa hegemonía si bien viene de unas élites, se expande desde las expresiones de la sociedad civil, con el auspicio del Estado, que está bajo su control -control relativo e histórico-, y que una de esas expresiones son los medios de comunicación, propiedad de dichas élites. En los medios de comunicación se difunden ideas que van siendo aceptadas poco a poco por las personas de a pie, y que van siendo asimiladas en su sentido común, es decir, en lo que dan por hecho en su cotidianidad, un ejemplo de eso es “yo no necesito nada regalado de papá Estado” idea que viene de noticias que hablan sobre la necesidad del emprendimiento y de la difusión exagerada de alguien como Uribe diciendo “hay que trabajar, trabajar y trabajar” -a pesar, como ya dijimos, de que el Estado exija impuestos que deberían dar unas garantías mínimas de vida digna-.

Dicho eso, es evidente que los medios de comunicación ocupan un lugar fundamental en la sociedad y que, por ende, es necesario construir y fortalecer medios alternativos que le hagan frente a la hegemonía y le apunten a la masividad para disputar esos sentidos comunes asimilados históricamente.

Tenemos que marcar diferencias: medios corporativos, “independientes” y alternativos.

En una publicación de nuestra edición número 18 señalabamos ya la pertenencia de diversos medios de comunicación a grandes grupos economicos ligados a la clase política, tal y como lo indicaba el estudio hecho en 2015 por Fecolper y Reporteros Sin Fronteras por la Libertad de Información, denominado “¿De quién son los medios? Monitoreo de la Propiedad de los Medios”. Dicho eso, en Hekatombe llamamos prensa corporativa o medios corporativos, a aquellas expresiones informativas que tienen detrás intereses económicos de grupos de poder -aclaramos que hay periodistas honestos en su ejercicio profesional, que aprovechan el margen de masividad de los medios para hacer una labor de control político y que en muchos casos hacen excelentes ejercicios de cara al derecho a la información, pero no se pueden obviar las situaciones condicionales estructurales, como tampoco negar que un importante número de periodistas de medios corporativos hacen parte también de los círculos de los grupos de poder-.

A su vez, defienden una visión tradicional de la información que les es funcional: la supuesta neutralidad/ imparcialidad, discurso que les sirve para legitimar sus contenidos ante la sociedad, sin necesidad de ser explícitos en su línea editorial, y por tanto en sus intereses. Cabe resaltar que tal y como señala el académico Ancízar Narváez en Semanario Voz: “los medios no son imparciales ni objetivos ni representan a la sociedad. Debemos tener claro que cada empresa o institución mediática representa a un sector social, económico o político. Entonces, debemos estar claros en que cada medio es un grupo de intereses y que cada medio es militante y engañan menos a la gente cuanto más clara se hace su militancia. No es que hayamos cambiado de la prensa ideológica del siglo diecinueve a la prensa informativa del siglo veinte del modelo norteamericano, y todo eso que dicen. Eso no es cierto. La prensa norteamericana de modelo informativo es porque respondía al crecimiento de los negocios en los Estados Unidos y no le interesaba enemistarse con ninguno de los sectores en conflicto por el control de los monopolios que nacían”. 

Los medios “independientes” son aquellos en los que si bien, no es evidente que tengan ningún poder detrás de sí que condicione su línea editorial, no se desprenden de forma tajante de la visión tradicional de lo informativo y por tanto, no son sinceros respecto a su línea editorial en el sentido de hacer explícita su postura política como medio. Así mismo, tienden a tomar al Estado como una fuente neutral, y a privilegiar el relato institucional antes que el de movimientos sociales, en situaciones de conflicto. Por otro lado, en una noción laxa de “verdad” y de “libertad de prensa” pierden de vista la existencia de un conflicto social y armado en Colombia, y no dudan en hacer señalamientos sobre expresiones del movimiento social, que puedan poner en riesgo la vida de activistas y líderes. Lo anterior a pesar de hacer reportajes sobre “divergencias” o reportajes críticos con productos audiovisuales novedosos.

En Revista Hekatombe consideramos que en estos medios prima una intención de marketing antes que una intencionalidad política de cambio social, para llegar a audiencias críticas, y disputar así esas audiencias que generalmente son de medios alternativos.

Los medios alternativos son explícitos en su línea editorial, tienen una intencionalidad de democratización/ cambio social, y pertenecen a expresiones organizativas de ciudadanías libres así como a movimientos sociales y populares. Propenden por el derecho a la información y por la formación política ciudadana de cara a una mayor participación, así mismo son los que asumen un papel claro en la construcción de paz con justicia social. Pueden tener diversos enfoques: contra-informativo, popular-comunitario, feministas o de diversidades sexuales, antirracistas, etc.

Es necesario aclarar que en primer lugar, en muchos casos las fronteras son borrosas entre los medios; en segundo lugar, que hay medios ambiguos; en tercer lugar, que también están los medios comunitarios, que no necesariamente son alternativos, y que incluso en muchos casos pertenecen a partidos tradicionales en comunidades distantes y barrios periféricos, y los medios públicos, cuyos contenidos dependen de quien esté en el gobierno; en cuarto lugar, que en los cinco tipos de medios pueden haber excelentes o pésimos productos comunicativos.

Sigamos aclarando

Si bien en la disputa de sentido común, es necesario llegar, alcanzar y copar múltiples espacios de producción de sentido, incluso de medios corporativos y medios que se asumen “independientes”, dada su masividad, no se puede perder de vista que estos siguen reproduciendo la misma matriz mediática funcional a la hegemonía, y que esos artículos o productos que se filtren quedan perdidos en la línea editorial del medio. En ese sentido, los artículos y productos con una perspectiva alternativa o crítica en los medios corporativos e “independientes” quedan inmersos en una contradicción: por un lado, llegar a audiencias acostumbradas a contenidos tradicionales, algo sin duda positivo, y por el otro, servir para que el medio alcance audiencias críticas, a las que no llegaba antes, para reproducir sobre estas la misma matriz mediática tradicional, donde se naturalice la crítica como un componente más de su línea editorial, que a la larga no incomoda al ser un producto de su oferta de contenidos.EDITORIAL HEKATOMBE SECUNDARIA

Teniendo presente lo anterior, es fundamental que los medios alternativos de comunicación existentes se fortalezcan, y que más ciudadanías libres creen nuevos medios. Los medios alternativos son, valga la redundancia, una alternativa real a la información amañada de la prensa corporativa y de la prensa que se hace llamar independiente, ya que hacen explícita su línea editorial, y propenden más que por la libertad de expresión, que en muchas ocasiones sirve solo para decir cualquier banalidad, al derecho a la información de las ciudadanías de a pie y a su formación política para que se constituyan en sujetos activos de la democracia, secuestrada por una reducida élite política y económica en nuestro país.

Al respecto se podría creer que tenemos una visión negativa sobre las audiencias al considerarlas pasivas frente a los productos que consumen. No es que creamos que sean pasivas, por el contrario, consideramos que dado su potencial carácter crítico-transformador, es necesario construir y fortalecer medios alternativos, pero no perdemos de vista que están acostumbradas a productos amañados, que no son sinceros en su línea editorial y que posan de neutrales, a pesar de la imposibilidad de tal imperativo en lo mediático. Líneas editoriales que han adquirido dimensiones históricas y que, por ende, han echado raíces en su sentido común, o mejor, en nuestro -de toda la sociedad- sentido común.

Una responsabilidad compartida

El fortalecimiento de los medios alternativos es una responsabilidad tanto de los mismos medios como de las ciudadanías libres* y de sus posibles referentes en tanto líderes sociales, políticos o de opinión.

Los medios alternativos, si bien trabajamos con las uñas, tenemos el deber de producir contenidos informativos, de opinión, de análisis y de entretenimiento propios, es decir, diferentes de los producidos por la prensa corporativa. Dicha producción debe ser constante y creativa, de lo contrario ¿cómo pretendemos que más personas nos ubiquen como referentes informativos? Lo anterior implica además tener un uso activo de las redes sociales, donde no compartamos productos de la prensa corporativa para no contribuir en la reproducción de su matriz mediática, y promover líneas editoriales abiertas frente a la difusión de contenidos de otros medios alternativos, para procurar un fortalecimiento mutuo.

Por su parte, las ciudadanías libres que tienen conciencia sobre la amañada prensa corporativa -o tradicional/ hegemónica-, pueden ayudarnos al buscar informarse con más medios alternativos y con menos corporativos, y compartiendo nuestros contenidos. Los referentes/líderes sociales, políticos y de opinión, que pueden tener aún un mayor grado de conciencia sobre los poderes que están detrás de la prensa corporativa e “independiente”, pueden aportar en fortalecimiento, no solo haciendo lo mismo que las ciudadanías libres, sino además buscando aportar en contenidos a los medios alternativos, y por tanto dándoles mayor prioridad que medios corporativos y medios “independientes”.


Si entre todas las ciudadanías libres ponemos de nuestra parte, los medios alternativos se verán fortalecidos y con ello se avanzará no solo en la democratización de la información, sino también en la construcción de un país democrático donde la ciudadanía sea protagonista.

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* Por ciudadanías libres nos referimos a aquellos sectores sociales sencillos, a las personas de a pie, distintas de las élites políticas, que quieren un país en democracia real y justicia social, que son libres de las maquinarias de los empresarios de la política, bien sea de partidos o de políticos tradicionales.