El Fascismo social

by Edición 65 | Jairo Crsipin
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En este artículo me interesaré por dar respuesta a dos preguntas de manera sucinta: ¿Qué es fascismo social? ¿Qué tipos de fascismo social existen? Boaventura de Sousa Santos define al concepto de fascismo social en lengua española, como un escenario contemporáneo donde se destruyen los derechos sociales y económicos de la ciudadanía; un escenario en donde las sociedades son sistemas políticos democráticos que socialmente son fascistas (Crispín, 2018).

 

El fascismo social es un régimen civilizatorio característico de la crisis del contrato social de un Estado de Bienestar apabullado por un neoliberalismo en el cual las nociones de igualdad, solidaridad y justicia pierden su valor social colectivo y se da paso a la dominación de los intereses particulares de un grupo minoritario sobre los derechos de la gran mayoría (Santos, 2002, página: 57).

El concepto de fascismo social se presenta en la obra escrita del autor portugués, en siete subconceptos, en los que encontramos: el fascismo social del apartheid, el fascismo de Estado paralelo, el fascismo societal, el fascismo populista, el fascismo de la inseguridad, el fascismo financiero y el fascismo desarrollista (Crispín,2018).

1) El fascismo del apartheid social

Es la segregación social de los excluidos dentro de una cartografía urbana dividida en zonas salvajes y zonas civilizadas, donde las zonas civilizadas son las zonas del contrato social que se ven a sí mismas más y más amenazadas por las zonas salvajes, donde las zonas salvajes adquieren el estado de naturaleza de Hobbes, estableciendo una figura de Estado de Sitio (Santos, 2002, 2014).

Para Santos (2005), el fascismo social del apartheid es padecido principalmente por los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes y, es un asunto que compete ante todo al plano de lo laboral. Las victimas del fascismo social del apartheid no son consideradas plenamente humanas por quienes impunemente las pueden agredir o explotar (Santos, 2017).

Para contrarrestarlo, el sociólogo portugués, propone desnacionalizar la ciudadanía, para propiciar condiciones que garanticen la igualdad y el respeto de las diferencias, de modo que, a su vez, entonces, el reparto del trabajo se convierta en un reparto multicultural de la sociabilidad en contextos trasnacionales.

2) El fascismo de Estado paralelo

Son aquellas formas de acción estatal que se caracterizan por su distanciamiento del derecho positivo. Este tipo de fascismo es también “el nuevo gobierno indirecto” en el cual uno de los modos de colonización de las estrategias del neoliberalismo es la cooptación del Estado constitucional.

Desde el sub-concepto de Estado paralelo se muestra cómo está emergiendo un Estado que se retira de la regulación social y cuyos servicios públicos son privatizados, a favor de los intereses de poderosos actores no estatales que obtienen por lo tanto el control sobre las vidas y bienestar de vastas poblaciones. El Estado constitucional, está siendo sustituido por obligaciones contractuales privatizadas y despolitizadas, dando como resultado el fascismo social (Santos, 2014).

En general, el fascismo del Estado paralelo designa formas de acción estatal alejadas del derecho positivo, aunque en el fascismo social se añade una especie de doble criterio en la medición de la acción: una para las zonas salvajes y otra para las civilizadas. En estas últimas el Estado actúa como protector, en las primeras, como predador.” (Estrada, 2004).

Ahora bien, hoy el capitalismo es global y está poniendo al Estado en su estricta dependencia. El Estado es ahora un agente de intervenciones mercantiles (privatizaciones, asociaciones público-privadas, tercerización).

Por haber sido “prohibido” por el capitalismo financiero global de tributar a los ricos, tiene que endeudarse en los mercados financieros donde no tiene ningún privilegio soberano (el cinismo de la designación “deuda soberana”).

Para el Estado, o algo que la sustituya políticamente, poder actuar contra el neoliberalismo tendrá que pasar por una profunda trasformación de la democracia (Santos, 2017).

3) El fascismo societal

Se define al fascismo societal: como el fascismo para estatal resultante de la usurpación, por parte de poderosos, actores sociales de las prerrogativas estatales de la coerción y la regulación social (...) el cual tiene dos vertientes destacadas: el fascismo contractual y el fascismo territorial (Santos, 2007).

En el fascismo societal el fascismo contractual “sucede en las situaciones en las que las desigualdades de poder entre las partes del contrato de derecho civil (sea un contrato de trabajo o un contrato para la disponibilidad de bienes y servicios) son tales que la parte débil, se rinde vulnerable por no tener alternativa, acepta las condiciones impuestas por la parte más fuerte, pese a que puedan ser costosas y despóticas” (Santos, 2007).

El fascismo territorial es el cual tiene lugar siempre que actores sociales con un fuerte capital patrimonial o militar disputan el control del estado sobre los territorios donde ellos actúan, o neutralizan ese control cooptando o coercionando a las instituciones estatales y ejerciendo una regulación social sobre los habitantes del territorio, sin su participación y en contra de sus intereses (Santos, 2007).

Para ilustrar en contexto lo anterior citemos un ejemplo: “El caso de Colombia y de su región Pacífica, que refleja tendencias cruciales de la globalidad imperial y la colonialidad global. La primera tendencia es la articulación entre la economía y la violencia armada, particularmente en el aún prominente papel de las guerras nacionales y sub-nacionales por el control del territorio, la gente y los recursos.

Estas guerras contribuyen a la dispersión del fascismo social, definido como la combinación de la exclusión social y política por la cual se produce el incremento de largos sectores de la población viviendo bajo terribles condiciones materiales y a menudo bajo la amenaza de desplazamiento o incluso de muerte.

En Colombia, la respuesta del gobierno ha sido escalar la represión militar, la vigilancia y la paramilitarización dentro de una concepción de «seguridad democrática» que refleja la estrategia global de los Estados Unidos como ha sido visto en el caso Iraquí: democracia por la fuerza y sin derecho a disentir.

El fascismo social y el fascismo político (redes de informantes pagados, supresión de derechos) confluyen en esta estrategia de mantener un patrón de acumulación del capital que beneficia a un cada vez más estrecho sector de la población mundial” (Escobar, 2010).

Santos (2014), propone que frente a las manipulaciones del fascismo societal orientadas a convertir al Estado en un engranaje para servir al espacio privado, tendría que levantarse una verdadera red de fuerzas democráticas cuyos componentes existen en medida variable y composición diversa, de manera dispersa y a menudo distorsionada en usos y abusos de sus potencialidades, dentro de la sociedad civil.

4) El fascismo populista

Consiste en la democratización de aquello que en la sociedad capitalista no puede ser democratizado, por ejemplo, la transparencia política de la relación entre representantes y representados o los consumos básicos.

El fascismo populista no tiene solamente la cara violenta. Tiene también la cara benevolente de la filantropía. En la filantropía quien da no tiene el deber de dar y quien recibe no tiene el derecho a recibir.

En tiempos recientes, la clase alta y media alta de Brasil se resintió mucho porque las empleadas domésticas o los motoristas ya no necesitaban los favores de los patrones para comprar una computadora para los hijos o hacer un curso.

Se resentían con el hecho de que sus subordinados se habían liberado del fascismo social. Cuanto más vasto es el número de los que viven en el fascismo social, menos es la intensidad de la democracia (Santos, 2017).

5) El fascismo de la inseguridad

El fascismo de la inseguridad trata de la manipulación discrecional de la inseguridad de las personas y de los grupos sociales debilitados por la precariedad del trabajo o por los accidentes y acontecimientos desestabilizadores. Cuando la sociedad opone resistencia a esta «socialización de intereses» se recurre a las políticas del miedo y de la criminalización de la disidencia.

En el fascismo de la inseguridad puede ir generándose una degradación o perversión de la ciudadanía y una razón indolente dentro de los partidos políticos y los sectores sociales que llevan a la servidumbre voluntaria de la ciudadanía, que justificará la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón.

Es decir, llegar a unos gobiernos administrados por reputados tecnócratas, que reproducen el actual fascismo social-tecnocrático, con ayuda de los medios de comunicación social y de la opinión pública, que son controlados y receptados por una población en masa acrítica a la ideología neoliberal de sus mensajes (Velasco, 2013).

El crecimiento de los movimientos fascistas es funcional a los gobiernos de la derecha reaccionaria en la medida que les permiten legitimar más autoritarismo y más recortes a los derechos sociales y económicos, mas criminalización de la protesta social, la expulsión de campesinos, indígenas y negros de sus tierras y territorios ancestrales, el asesinato de líderes sociales en manos de sicarios que son pagados por empresarios con intereses en despojarlos de su patrimonio, todo esto en nombre de la defensa de la democracia y de la especulación financiera, con la tierra que es despojada e insertada al capital financiero de las transnacionales (Santos, 2017).

6) El fascismo financiero

El fascismo financiero trata del fascismo de mercado imperante en los mercados financieros de valores y divisas, en la especulación financiera es lo que se ha venido a llamar economía de casino.

El fascismo financiero es el más internacional de todos los fascismos societales, ya que este está sirviendo de modelo y de criterio operacional para las nuevas instituciones de regulación global desde dos formas, la primera se puede ilustrar con dos ejemplos de ello que son el acuerdo multilateral de inversiones (AMI) y el acuerdo de la (OCDE).

La segunda, es el de “las calificaciones otorgadas por la empresa de rating, que son unas empresas internacionalmente reconocidas para evaluar tanto la situación financiera de los estados, como los riesgos y oportunidades que ofrecen estos a los inversores internacionales” (Santos, 2005, página: 26 y 27).

En las condiciones actuales en las que domina la forma más antisocial del capitalismo (el capitalismo financiero), la dominación capitalista exige más que nunca la dominación colonialista y sexista. Es por eso que las conquistas contra la dominación racial o sexual son rápidamente revertidas cuando es necesario (Santos, 2014, página: 264).

7) El fascismo desarrollista

Plantea sus postulados en clave de deberes, es decir, que se obliga a las sociedades a cumplir las metas trazadas de crecimiento económico a la par de que se cercena la posibilidad de la libre determinación de los pueblos en matices como el derecho a la salud, la autonomía y los derechos ambientales.

En el fascismo desarrollista el imaginario del desarrollo hoy se muestra como única forma lógica y razonable posible de habitar la tierra desde el modelo social y civilizatorio capitalista neoliberal. Parafraseando a Echeverry (2016), se convierte en una razón homogenizante que aplana la diversidad, mercantiliza la vida y convierte al planeta Tierra en un campo de concentración-fabrica.

En la primera Conferencia Mundial de los Pueblos Originarios por los Derechos de la Madre Tierra y el Cambio Climático (2010), Santos planteo que un dialogo de saberes transcultural podría servir para construir propuestas discursivas que no fuesen cooptadas por el Banco Interamericano de Desarrollo, ya que estas podrían ser reconfiguradas para ser utilizadas como nuevos instrumentos de poder y de legitimación e intervención en Latinoamérica.

La lucha por los derechos humanos en las primeras décadas del siglo XXI se enfrenta a nuevas formas de autoritarismo que conviven cómodamente con regímenes democráticos. Son formas de fascismo social, como las he llamado en mis escritos.

“Si la depredación de los recursos naturales y la tierra que hace este modelo de desarrollo sigue influyendo en los Estados y los gobiernos democráticos, por un lado, para que estos hagan tabula rasa de los derechos de la ciudadanía y los derechos humanos, incluidos los consagrados en el derecho internacional y, por otro lado, para reprimir de manera brutal e impune a todos los que se atreven a resistirse a ese modelo, es posible que estemos ante una nueva forma de fascismo social: el fascismo desarrollista” (Santos, 2014, página: 103).

Lo cierto es que el desarrollo, según Santos (2014), en las últimas décadas se ha hecho más antisocial y más ligado que nunca al crecimiento dominado por la especulación financiera y más la depredación del Medio Ambiente.

Para contrarrestar el fascismo desarrollista, Santos (2014), analiza tres formas. La primera, luchar con una fuerte dimensión civilizadora contra este tipo de fascismo. La segunda, una lucha por los Derechos Humanos contra hegemónicos a través de una nueva representatividad política. La tercera, una lucha contra las inercias del pensamiento crítico y la política de izquierda eurocéntrica.


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Por: Jairo Crispín: Estudio Lenguas Modernas en la Universidad Distrital (U.D.F.J.C) y es Trabajador Social de la Universidad Nacional de Colombia próximo a graduarse. Realizó prácticas profesionales en el Museo de Memoria Histórica de Colombia, adscrito al Centro Nacional de Memoria Histórica durante un año; donde tuvo la oportunidad de acercarse a la investigación en Ciencias Sociales en temas relacionados a la construcción de paz, la Museología, la Museografía, los Dispositivos de la Memoria, y la Didáctica del objeto en el museo. Su trabajo de grado monográfico fue una investigación de Estado del Arte sobre el concepto de fascismo social el cual ya fue evaluado. Con experiencia laboral como docente en las áreas de Ciencias Sociales, Filosofía, Español y Literatura. Participo en la construcción de la exposición “VOCES PARA TRANSFORMAR A COLOMBIA DEL MUSEO DE MEMORIA HISTORICA DE COLOLOMBIA/2018”.