Peñalosa: el mito del alcalde-gerente se ha deteriorado

by Edición 61 | Camilo David Cárdenas Barreto
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Después de dos intentos fallidos, en 2015 Enrique Peñalosa se posesionó por segunda vez como Alcalde de Bogotá. En esas elecciones derrotó a la izquierda agrupada en torno a la candidatura de Clara López, quien quedó tercera, resultado que castigó a la administración saliente de Gustavo Petro, que la apoyaba.

Una de las narrativas de la campaña peñalosista tuvo como eje la idea de que él era un técnico que tomaba decisiones políticas con base en el mejor conocimiento disponible —la ciencia aplicada— y que sus políticas públicas no estarían inspiradas en la «ideología» y la improvisación, sino en la adecuada administración de recursos públicos, la planeación cuidadosa de «lo mejor para la ciudad» y una alta ejecución para resolver problemas públicos, lo que presupuso una barrera más bien artificial entre ideología, política y administración pública, y una problemática identificación entre ciencia, técnica, política pública y administración. Para reforzar ello, puso su propia alcaldía pasada como ejemplo, que efectivamente contó con un alto nivel de ejecución de recursos materializado en múltiples obras públicas; además, algunos periodistas, como Natalia Arenas de La Silla Vacía, destacaron que en el nombramiento de su gabinete primaban los técnicos —la mitad, de la Universidad de Los Andes— y no las meras cuotas políticas, es decir, la burocracia peñalosista cumpliría sus funciones especializadas con el mejor conocimiento disponible y no amañaría recursos públicos a cuotas políticas. «Vuelve la tecnocracia a Bogotá» tituló Natalia Arenas esa vez, quizá con excesivo optimismo. Pero hoy, a la luz de los años y con más de la mitad del periodo de Peñalosa cumplido, podemos cuestionar esa imagen del alcalde gerente, del alcalde técnico incomprendido que ejecuta «lo mejor para todos» a expensas de su popularidad con la ciudadanía, la cual, por supuesto, no sabe nada de nada.

Veamos algunos casos emblemáticos de la ciudad.

La Reserva Thomas van der Hammen

Ya se ha escrito bastante sobre la polémica de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen: en resumen, Peñalosa quiere urbanizar más del noventa por ciento de la zona protegida. Lo había intentado en su primera alcaldía, pero una comisión de expertos truncó sus planes y el ministro de Ambiente de la época decretó en el año 2000 la existencia de la Reserva y ordenó a la Corporación Autónoma Regional —CAR— su delimitación. Dentro de su habitual arrogancia, el actual alcalde expresó en uno de los puntos álgidos de la reencauchada polémica que la Reserva estaba constituida meramente por «potreros», todo ello pese a que distintos expertos y ambientalistas han insistido una y otra vez, respaldados con estudios científicos, en que el principal valor de la Reserva son las fuentes de agua subterránea. Tiempo después, la propia Natalia Arenas mostró que los planes de urbanización de la Reserva coincidían con los intereses económicos de los propietarios de tierras de Asodesco, una poderosa organización de propietarios. Aunque el argumento de la necesidad de construcción de miles de viviendas para evitar una crisis poblacional en Bogotá es plausible, no es técnico creer que urbanizar más del noventa por ciento de la Reserva sea la única solución, si acaso pudiera ser una solución plausible. La política pública, aunque esté bien diseñada, es en buena medida un campo de experimentación, mucho más cuando se trata de sistemas complejos como los ecosistemas. Entonces, Peñalosa está especulando con planes que tienen sustento técnico pero que ignoran el valor ecológico de la Reserva y menosprecia los estudios científicos que hay sobre el tema.

La venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá —ETB—

El caso de la venta de la ETB es otro ejemplo de cómo esta imagen de alcalde-gerente y técnico ha tenido sus falencias. Nuevamente nos encontramos con Natalia Arenas denunciando rigurosamente cómo el Distrito presentó un estudio que muestra los problemas financieros de la ETB, pero sin argumentar que su venta sea la mejor opción. Un fallo básico de la argumentación crítica racional: no se defendió la razonabilidad del punto de vista principal. En esta ocasión, el estudio técnico no desarrolla por qué se debe vender la ETB, ni valora detalladamente otras opciones, como la de tener un socio estratégico. Pese a ello, el Concejo de Bogotá aprobó su venta en 2016. Hoy por hoy la venta de la ETB está suspendida.

El metro de Bogotá

Para no repetir uno de los errores que le costaron la elección en 2011, Peñalosa prometió para 2015 que sí haría un metro, pero elevado. Hizo vender la idea de que no se desecharían los estudios que había sobre el metro subterráneo entregados por la anterior administración, que los sobrecostos se reducirían sustancialmente y la licitación podría iniciar a principios de 2017. En fin, que sería un proceso relativamente sencillo. Después de varias prórrogas, Peñalosa volvió a prometer el inicio de la licitación para el 6 agosto de 2018 en el marco de la conmemoración de la fundación de Bogotá, y no hubo tal cosa, sino, antes bien, una nueva prórroga silente: octubre de 2018. En total, el periodista Carlos Hernández Osorio calcula que se ha aplazado seis veces la tan esquiva licitación, así algunos medios como Portafolio compartan titulares engañosos que den a entender que la licitación ya comenzó. Por si fuera poco, todavía no sabemos cuáles son los estudios del metro elevado, ni tenemos idea alguna de cuál es realmente el valor de los sobrecostos. Concejales como Hollman Morris han denunciado con documentos en mano las eventuales ilegalidades que ha habido en la aprobación de un proyecto sin estudios de factibilidad, que ya cuenta con una historia de prórrogas, promesas incumplidas e improvisaciones. Gracias a esta lentitud, fruto de la premura de Peñalosa por mostrar obras y su decisión de construir un metro elevado, lo más probable es que el tema del metro de Bogotá vuelva a ser uno de los centros de atención de las elecciones de 2019. Y Bogotá entretanto, sin metro.

En términos generales, no ha sido una buena administración

Si los casos de la Reserva, la ETB o el metro de Bogotá podrían ser indicios de que la ejecución de la administración Peñalosa II no ha sido como se esperaba, las cifras de Planeación Distrital al parecer comprueban este rezago y registran un bajo avance de cumplimiento de las metas realizadas para resolver problemas críticos, como la seguridad y la movilidad. En una columna de El Espectador, que recomiendo leer, Aurelio Suárez resume que a julio de 2018:

— De treinta colegios prometidos, solamente se han entregado dos.
— El crecimiento del PIB de la ciudad ha sido negativo y se encuentra por debajo del PIB nacional.
— Tanto la pobreza monetaria como la extrema pobreza y el desempleo han crecido.
— Aunque ha habido una reducción de homicidios, el hurto, especialmente el de bicicletas, el hurto a residencias y de celulares, ha aumentado.
— El propio metro elevado está en un avance del 10%.

Por si fuera poco, en algunos balances de lo que ha sido su gobierno se habla de una gobernabilidad sin ciudadanía. Peñalosa tiene una concepción excesivamente elitista de la política que impide que el sistema político pueda retroalimentarse eficazmente de las demandas generadas por distintos sectores de la población. Y ni siquiera en los temas clave que prometió resolver, la movilidad y la seguridad, ha habido avances sustantivos.

En definitiva, su impopularidad no se debe a que esta versión de Peñalosa toma decisiones impopulares pero que benefician a todos, todo ello dentro de la narrativa de técnico, gerente y buen ejecutor que ha construido en torno a él —soportada en parte por títulos de posgrado falsos—, sino, justamente, a que esa narrativa del político que resuelve técnicamente los problemas de la ciudad no se ha visto correspondida en diversos hechos de la actual administración como las polémicas mencionadas y el propio avance de las metas.

Como decía el bloguero Bat&Man, entonces, ¿dónde está el gerente?

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Camilo David Cárdenas Barreto. Licenciado en Filosofía por la Universidad Pedagógica Nacional y estudiante de Ciencia Política de la Universidad Nacional. Me gusta escribir y hacer análisis político de coyuntura. Muchas gracias por leerme. Contacto: cdcardenasba@unal.edu.co