Miedo conocido y lo desconocido

by Edición 55 |Camilo Álvarez
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La sociedad actual está más dispuesta a la emoción que a la razón, las campañas electorales se construyen para generar sentimientos y transformar la percepción. En escenarios transicionales como el que vivimos, el soporte emocional suele ser la esperanza y la idea de cambio, pero aquí se privilegia EL MIEDO porque siendo una sociedad con desconfianza es un caldo de cultivo exponencial.

Las campañas de Uribe tienen especialización en rumores. Se nutren de la idea del enemigo público. Las Farc o el castro-chavismo son el sujeto discursivo que les permite: estructurar identidades, ubicar la atención en el “otro”, evadir cualquier responsabilidad, mimetizar escándalos del Centro Democrático y relativizar las no despreciables 276 investigaciones en curso de su líder.

Han logrado que buena parte del inconsciente colectivo perciba que la inseguridad frente al “otro” es la principal preocupación y que la medicina para ese mal es más guerra y más seguridad. Aunque exista saturación y cansancio de discurso y crítica por resultados tangibles; La crisis de Venezuela les ha permitido reciclarse y mantener un “enemigo público” en el que la representación de un futuro aciago legitima su existencia.

Por su parte, la campaña de Fajardo dividió el país en dos extremos posicionándose como el único capaz de reconciliarlos; con un halo de neutralidad reprodujo la idea de “polarización” sin profundizar en causas o razones del conflicto –como el problema de la tierra-, tampoco explicitó responsabilidades y asimetrías sobre el mismo –la responsabilidad estatal y el paramilitarismo pasaron casi inadvertidas- con ello construyó una idea de equivalencia de los dos “bandos”.

Hizo de la “polarización” y la corrupción una diada, principal enfermedad a ser curada básicamente con educación y tolerancia. La campaña estuvo orientada a las clases medias donde encontró eco rápidamente.

Se posicionó como “neutral” ante una idea “radical” de Gustavo Petro. Y aunque el programa de Colombia Humana es claramente transicional y Petro lanzó sistemática y consistentemente llamados de coalición fue emplazado en la percepción como intransigente. Esto colaboró al ataque del establecimiento que con todo su arsenal mediático potenció barreras a la Colombia Humana y distancias al Candidato. La idea de “Centro” disputó también los votos de Uribe relacionándolo con la clase política tradicional y con el genérico de la corrupción, pero no intervino en sus otras responsabilidades como la guerra.

Como efecto, un sector de las clases medias optó por la resistencia a Petro y encasilló las propuestas de la Colombia Humana como radicales. Simultáneamente la idea de corrupción sin más, relativizó el autoritarismo y guerrerismo de Uribe. Así, Se “endureció” la propuesta democrática y se “suavizó” la propuesta autoritaria.

Hacia segunda vuelta, ese espectro de clases medias y el voto de opinión es el principal renglón de votos en disputa. Al optar Fajardo y de la Calle por el voto en Blanco es un sector que llega “huérfano” a la elección definitiva, sustrayéndose de la contienda, calculan el cuidado de su imagen y podrían esperar un tiempo. Pero el país no se toma un sabático de la vida política.

Con un tiempo escaso, este segmento de población se enfrenta a cambiar la idea que ninguna de las dos opciones es viable. Un balance simple entre dos temores les regresa a la formula básica de escoger el menos peor, entonces se descifrará en donde situar el miedo:

i) En el terror conocido bajo el autoritarismo Uribe.

ii) En La incertidumbre de lo desconocido con Petro.

Pero no es en el cálculo simple donde se entiende lo que hoy está en batalla. Estamos ante una decisión entre un giro de 360° con Uribe/Duque y uno de 180° con Petro y esto es inédito.

Que la Colombia Humana haya llegado a segunda vuelta es la verdadera novedad, sí la reacción del establecimiento fue juntarse sobre sus diferencias. Es porqué estamos ante la situación más clara de decisión entre una propuesta de cambio o la perpetuación de lo mismo.

Las clases medias nunca antes tuvieron la oportunidad de actuar en un solo voto contra los Uribes, Pastranas, Gavirias, Ordoñez, Vargas Lleras y toda la corruptela. Las clases medias tendrán que encender sus alertas de guerra, de derechos en riesgo y reconocer los tintes de dictadura que garantizarán las canas de Duque.

Pero para que las clases medias y los abstencionistas den ese paso, la Colombia Humana deberá hacer al menos tres tránsitos:

1) Del miedo a la confianza. Que significa dar señales claras de sus alcances y posicionar su idea de democracia en defensa de la constitución del 91.

2) De los cambios a las mejoras. Que significa despejar la idea cambios abruptos y salto al vacío, dando garantías a las clases medias para preservar lo que han logrado y que su posibilidad de ascenso se mantenga.

3) De la movilización a la institucionalidad. Que significa que las ciudadanías vivas y libres son garantes de la institucionalidad y no sus verdugos. El mensaje claro que la institucionalidad será saneada, respetada y resignificada.

Al tiempo, las ciudadanías tendremos que superar nuestros miedos al pasado y al cambio como en una separación, un nuevo amor o un nuevo trabajo, como cualquier momento de cambio de la vida real: enfrentar el pasado y superar los miedos conocidos con una dosis de responsabilidad y valentía.

Enfrentar los cambios y los miedos a lo desconocido con una dosis de esperanza y creatividad.

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Camilo Álvarez | @CamiloAlvarezB |En el rebusque, mercenario de la prestación de servicios. Tiene una humilde morada y una arrogante fucsia | Amigo de la casa Hekatombe.