El mal polvo que es Peñalosa

by Edición 48 | @ShameelThahir
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Esta semana el alcalde de Bogotá hizo otra de sus clásicas peñalosadas afirmando que el problema de la calidad del aire de la ciudad no es causado por el combustible diésel que usa su TransMilenio y la flota de buses de la ciudad sino, aunque parezca increíble, el POLVO.

En esta oportunidad quiero explicar al detalle por qué está equivocado Peñalosa y cómo ésta vez, cuando quiere responsabilizar al polvo de la contaminación en Bogotá y como ocurre con casi todas las acciones y/o declaraciones de su gobierno, lo único que busca como alcalde es beneficiar a los dueños de ciertos negocios en los que él está involucrado, en este caso obviamente me refiero a TransMilenio.

En 2007 los casos de niños menores de 5 años atendidos en Bogotá por enfermedad respiratoria aguda fueron 29 mil según el observatorio ambiental de la ciudad. Para 2016 el número de niños fue de 51.170 lo que significó un incremento del 43% de los casos.

En 2011 la alcaldía de Bogotá promulgó el Plan Decenal de Descontaminación del Aire con asesoría de la Universidad de los Andes. Al inicio de su alcaldía Peñalosa derogó el decreto 098 del 2011 producto de ese plan decenal de descontaminación y todo lo referente al programa de filtros contemplado por el plan que pretendía obligar el uso de la tecnología de control de emisiones o filtros de partículas a la totalidad de la flota diésel (2.000 buses de Transmilenio, 6.800 buses del SITP y los más de 5.000 buses y busetas del transporte público colectivo) que circula por la ciudad.

Tenga en cuenta que según la OMS el humo de los motores diésel es cancerígeno y estos filtros garantizan la retención de hasta el 95% de las partículas contaminantes de sus exostos según expertos suizos y colombianos de la Universidad Nacional y los Andes, que colaboraron en la promulgación del Plan Decenal de Descontaminación del Aire y criticaron la derogación del decreto 098 del 2011.

Toca explicarle a Peñalosa que los elementos más comunes de contaminación del aire son el ozono, el dióxido de nitrógeno, el dióxido de azufre y el material particulado que viene en tres tamaños: 1. Más grandes que 10 milésimas partes de un milímetro; 2. Entre 10 y 2.5 milésimas partes de un milímetro y 3. Más pequeñas que 2.5 milésimas partes de un milímetro.

Estas últimas clases de material particulado son las más peligrosas, llamadas comúnmente como partículas ultra finas, que son las que más fácilmente terminan alojadas en los bronquios y circulando por nuestra sangre causando a largo plazo problemas cardiovasculares, pero principalmente respiratorios además del cáncer ya señalado, reduciendo nuestra expectativa de vida.

Además de los automotores, los principales generadores de estos elementos contaminantes del aire son las fábricas. Por eso localidades como Kennedy y Fontibón son las más contaminadas de la ciudad.

Por todo lo anterior es que la derogación del decreto 098 del 2011 fue otra de las equivocaciones de Peñalosa. Lo único que garantiza es más ganancias para los dueños de los buses y una atmósfera cada vez más tóxica para la salud de las bogotanas y los bogotanos.

Que alguien le explique a Peñalosa que una política responsable que busque realmente la calidad del aire en la ciudad debe sostenerse en cinco pilares:

1. Buscar la eficiencia energética
2. Promover los combustibles limpios y/o energías alternativas
3. Obligar al uso de tecnologías de control de emisiones
4. Siembra de árboles
5. Volver a poner en marcha el sistema de préstamo de bicicletas (que Peñalosa elimino) y masificarlo en la ciudad junto al montaje de un sistema intermodal de movilidad que tenga como columna vertebral un metro subterráneo y eléctrico. No el horrible Transmilenio y su metro mediocre que ha proyectado como alimentador de Transmilenio.

A nivel nacional se han dado pasos tímidos pero importantes para amortiguar los daños a nuestro aire como por ejemplo la ley 1205 de 2008 para obligar la mejora del ACPM que se comercializa en el país.

Otro ejemplo, fue el decreto que también derogó Peñalosa que obligaba a que la reposición de taxis fuera por vehículos de cero emisiones contaminantes – taxis eléctricos - en este punto es necesario señalar también que se necesitan mayores puntos de recarga para los vehículos eléctricos en Bogotá, pues solo existen dos en la ciudad que dejó el plan piloto de la administración de Gustavo Petro.

Aunque Peñalosa saque pecho por un logro que no es suyo, toca dejarle claro que los 340 buses zonales y troncales con tecnología híbrida y eléctrica no son suficientes frente a la flota diésel que se mantiene rodando en Bogotá.

Generalmente cuando se señalan problemas como el que estoy exponiendo se argumenta de manera mezquina que las soluciones son muy caras, como si nuestra vida se pudiera comprar o vender. A esos les respondo:

El beneficio social y económico asociado con un buen aire es hasta siete veces mayor al costo de las medidas que se requieren para lograrlo. Por ejemplo: Si el SITP actual bajara la emisión de partículas contaminantes de 71 a 46 toneladas anuales Bogotá se ahorraría 92 mil millones de pesos en el tratamiento de enfermedades respiratorias durante los 5 años siguientes.

Algo que caracteriza la administración de Peñalosa es descartar las recomendaciones académicas y priorizar las ganancias de los dueños de la ciudad (constructores y los propietarios de TransMilenio o el sistema de recolección de basuras, por ejemplo). Lo hizo con el problema de la calidad del aire lo hace con la mayoría de las decisiones de su administración. Eso no es gerencia ni administración, y menos decisiones técnicas, es corrupción de la más canalla y sinvergüenza. Es por eso que sin pena y viéndonos la cara de idiotas se atreve a afirmar en medios que el problema del aire no es el diésel cancerígeno sino el polvo.

El sector de la ciudadanía que más me preocupa como víctima de la calidad del aire es el de los biciusuarios de la ciudad por el que esta alcaldía saca pecho calificándolos de “héroes” en sus campañas publicitarias. Aproximadamente hoy en día se hacen unos 650 mil desplazamientos diarios en bicicleta en Bogotá sobre todo por los altos costos del TransMilenio, no es precisamente por una conciencia ambiental. La mayoría de estos biciusuarios son las personas con menores recursos de la ciudad y por lo tanto las que menos le importan a la administración distrital.

Según un estudio de la Universidad Nacional en donde se hizo una medición de la contaminación del aire de cinco de las principales vías que tenemos automotores y ciclistas, la contaminación está peor que en ciudades como Londres o Sídney. De este estudio se descubrió que un peatón inhala caminando por la calle 26 en hora pico 35 mil millones de partículas ultra finas (de esas que describimos al principio) mientras que un bici usuario puede llegar a inhalar hasta 133 mil millones.

Debemos formular planes de ordenamiento territorial que no solo piensen en infraestructura, vivienda y la puesta en marcha de sistemas de transporte masivo impulsados por combustibles fósiles. El ordenamiento territorial responsable debe pensar en la calidad de aire que se respira en la ciudad y pasar de los experimentos y las pruebas a las políticas agresivas para cuidar nuestros pulmones.

No podemos priorizar la construcción de vías para que entren cada vez más automotores a la ciudad. Debemos impulsar un cambio cultural para que el transporte masivo sea sostenible y eso pasa también como ya había mencionado por el desarrollo de un sistema de líneas de metro subterráneo y eléctrico que aliviane la carga de los buses de la ciudad que no pueden ser el centro del sistema.

No podemos destruir nuestros pulmones y para ello debemos proteger ecosistemas estratégicos que amortiguan de alguna manera todo este panorama como lo son: las reservas van der Hammen, los cerros orientales o bosques como el de Bavaria en Kennedy. Por otro lado, la siembra de árboles debería ser una prioridad y no solo una campaña politiquera para la foto.

Alguien tiene que explicarle a Peñalosa que faltan puntos de monitoreo de la calidad del aire en la ciudad. Hoy tenemos localidades con más de un millón de habitantes que carecen de este seguimiento como por ejemplo ciudad bolívar con explotación minera y sus mal llamados rellenos sanitarios – basureros - colapsados. La entrada vehicular de la calle 13, la avenida La Esperanza y el aeropuerto El Dorado en la localidad de Fontibón también carece de este necesario monitoreo.

Como todo no es culpa de Peñalosa debo aceptar que hace falta voluntad política y exigencia de la ciudadanía. Por ejemplo, un carro eléctrico en Colombia está por los 40 millones de pesos, pero con alianzas público privadas y estímulos institucionales esta tecnología debería ser más económica y competir con los precios de los automotores impulsados por combustibles fósiles. El estado debe favorecer a quienes quieran hacer negocio con energías renovables y apostarle a la inversión pública en este sector económico. En Europa, por ejemplo, un carro eléctrico promedio cuesta 21 millones de pesos.

Por todo lo expuesto queda más o menos claro que el problema de la calidad del aire en Bogotá es grave, pero tiene soluciones posibles si nos informamos, lo charlamos y presionamos a quienes deberían tomar decisiones de política pública al respecto como Enrique “mal polvo” Peñalosa.

¿Ustedes que opinan?

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Shameel Thahir Silva | @ShameelThahir | Amigo de la casa Hekatombe.
Politólogo y Magister en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. Ciclista urbano. Enamorado de Bogotá y con ganas de servirle a su gente. Preocupado por un país en donde quepamos todxs.