Escupo sobre lo “políticamente correcto”

by Edición 41 | @DavidPinzonH
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Según diversas voces con conocimiento en el tema, todo parece indicar que en efecto el atentado hacia el candidato presidencial progresista Gustavo Petro, se perpetró con un arma de fuego. Así mismo, circulan en redes sociales dos vídeos en los que es evidente primero el fogonazo que cubre al automóvil en el que se desplazaba el candidato, y segundo, cómo poco antes de la acción, un civil pasó con un arma de fuego frente a un policía, sin que este se inquietara, justo en el lugar del hecho.

El mismo día [viernes 2 de marzo] pero hacia el suroccidente del país, se presentaron movilizaciones sociales, que debido a la represión del ESMAD, derivaron en disturbios contra el senador Álvaro Uribe, que le hacía campaña a su ficha presidencial Iván Duque. El atentado contra Gustavo Petro llevó a que las maquinarias uribistas produjeran mensajes que aludían a atentados pasados contra Uribe Vélez en tiempos de su candidatura y posesión presidencial, sobre lo cual hay que resaltar que altos mandos militares y del DAS han sido investigados por la organización de falsos atentados que pretendían legitimar la política de guerra propugnada por el ex mandatario.

Se abre un primer interrogante ¿Cómo habría sido el cubrimiento de la prensa corporativa colombiana del atentado a un candidato presidencial en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Cuba?, ¿Qué opiniones se habrían expresado en la opinión pública [no tan pública] colombiana?, ¿serían esos países dictaduras en las que no se respetan ni se hacen respetar garantías de participación política?

Reacciones: ¿Moderación? ¿Oportunismo?

Tras los hechos de violencia, diversas figuras políticas procedentes de un lado de la llamada “Coalición Colombia” compuesta de lo que otrora fuera la “ola verde” y el sector MOIR del Polo Democrático Alternativo, y del otro, el Partido Liberal, no dudaron en salir a la palestra pública –ahora virtual por medio de la red social twitter- a cuestionar ambos hechos de violencia contra candidatos presidenciales, en un tono en exceso generalizante. Recriminación que encubierta de un llamado a lo “políticamente correcto” parece ser una jugada de oportunismo electoral, pretendiendo situarse por encima de las polarizaciones, al señalar cómo en su campaña y en su gobierno, las candidaturas deben estar [y estarían] cubiertas por la democracia y la no violencia, así como sobre ningún candidato debe (debería) haber ningún tipo de protesta.

La segunda pregunta que se abre es si es posible generalizar sobre las distintas manifestaciones de violencia, a lo que las ciencias sociales desde el punto de vista de la teoría crítica indican que toda violencia debe ser situada y entendida en términos históricos, políticos, sociales y culturales/simbólicos, en la medida que siempre tienen lugar en unas especificadas que deben ser analizadas e interpretadas.

Mutatis Mutandis

Mutatis Mutandis es un expresión latina que se usa cuando se quiere presentar en una argumentación, dos hechos distintos como análogos aunque guardando las debidas proporciones y cambios necesarios. La Coalición Colombia y el Partido Liberal generalizan sobre los actos de violencia contra Gustavo Petro y Álvaro Uribe. Pero, ¿es equiparable la movilización social cobijada constitucionalmente, con un atentado a la vida y el boicoteo pago y violento?

Al generalizar ambos actos de violencia se generaliza entonces, mutatis mutandis, el atentado [y asesinato] del presidente John F. Kennedy, que estaba adelantado una serie de reformas que beneficiaban al crecimiento y consolidación de la clase media de dicho país*, con la violencia simbólica contra el orden establecido injusto que implica la movilización social, por ejemplo de los mineros y obreros británicos contra las reformas neoliberales de Margaret Thatcher [defendidas e implementadas por Uribe, para el contexto colombiano], que atentaban contra los derechos de la clase trabajadora y la conducían hacia la precariedad. 

Lo “políticamente correcto” en este caso, generaliza sobre lo no generalizable, así parta de un elemento común como lo es la violencia, de ese modo conlleva a hacer más nebuloso el análisis así como impide la construcción de una cultura política reflexiva y por ende realmente democrática. 

El recurso al argumento de la “polarización” se está convirtiendo paulatinamente en un significante vacío equivalente al de “castrochavismo”, “santismo-uribismo” y “Farc santismo”, que se pueden llenar de cualquier contenido para hacer del debate político algo enteramente pasional, en donde no cabe el análisis ni la toma de posición política argumentada. En concreto, el llamado a la anti polarización, desde estas posiciones “moderadas” y tibias lleva al sentido común desprevenido de las personas de a pie, a la no toma de posición y a la aceptación pasiva de proyectos de país que incluso vayan en contravía de los derechos de las mayorías sociales, con tal de no deliberar y mostrar antagonismos, siendo más cercano entonces esta no polarización a regímenes dictatoriales que democráticos. En Colombia el problema no reside en la “polarización” per se sino en la necesidad de construir una cultura política democrática en donde las ideas contrarias sean escuchadas y sujetas de deliberar respetando la vida.

Retomando el título de este artículo, escupo, claro, metafóricamente, a lo “políticamente correcto” cuando es usado con fines oportunistas en términos electorales y no conlleva a la construcción de una cultura política democrática que identifique los matices, valore lo justo y se oponga a lo injusto.

*A pesar de todas las reservas políticas que se le puedan tener como latinoamericanos y habitantes del sur global político y geográfico, en materia de política internacional.

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David Pinzón Hernández @DavidPinzonH | Integrante de la REVISTA HEKATOMBE.
Amante de las Ciencias Sociales.